El editorial de Semanario

La presencia de la realeza en los Juegos Olímpicos demuestra que no hay crisis que los afecte. Fotogalería.

Si hay algo que dejaron en claro los Juegos Olímpicos, es que aún con los cuestionamientos a las monarquías europeas por la conocida crisis, más ciertas restricciones (asociadas al sentido común antes que la reducción de gastos), su presente dista y mucho, de la toma de la bastilla.

Ojo, no es que esta revista venga a emular a la república francesa (sin estas “glamorosas y futuras reinas” ¿con quiénes nos entretendríamos?), pero sí aceptar que los sueños de las herederas vip, de a ratos provocan cuanto menos fastidio. O no me va a negar que después de ¿nuestra? Máxima Zorreguieta contemplando a la delegación holandesa junto a su seductor Guillermo y el laborioso príncipe Alberto de Mónaco, no les genera cuanto menos un sarpullidito.

Pero el tema, no queda ahí, después de un año complicado para los reyes y príncipes españoles (cacería de elefantes, caída, denuncias de corrupción y envidias internas incluídas) al príncipe Felipe y su esposa Letizia se los vio junto a Sofía alentando a la roja de Basquet.

Los líderes de la NBA, sin embargo, se ocuparon de amargarles el cierre de la jornada a los exponentes de la Madre Patria. Los entendidos del deporte, sostienen que hay bronca en los palacios barrocos, por la merma de sus representantes en estos juegos. Quien emulando a la popular Lady Di, no paró de mostrarse a cuanto certamen asistiera la delegación británica, fue la ex jugadora de hockey y hoy duquesa de Cambridge, Catherine Middleton.

De hecho, entre tanta Spice Girl y fuegos de artificio, la chica no paró de conversar con su cuñado Harry. La descripción podría seguir así, hasta el infinito. Y no es para menos, se sabe que la vida de los monarcas tienen ese no se qué, habrá que ver hasta cuando. Como sea, los emulos de María Antonieta, no tienen de qué quejarse.

Adrián De Paulo

Editor Responsable

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