El editorial de Semanario

Cacho se sumó a las agresiones contra Reinaldo Ojeda. Galería de fotos.

“Es un forro. Que se quede en Colombia vendiendo café”, disparó Cacho Castaña, aludiendo a Reinaldo Ojeda. El “atorrante” –como tanto gusta de definirse hasta el hartazgo– se sumaba así a la larga ristra de ataques, humillaciones y escarnio de la jauría del “Bailando”.

Archimó lo había acusado de “Judas”: el traidor que vendió a Cristo por unas pocas monedas. Y le agregó “colombiano”, como adjetivo que lo califica todo. Las fieras, entonces, aullaron. ¡Agarrate, Catalina, cuando le pegan a tu nombre el país de donde venís! Sobre todo, si no lo encontrás en el mapa de Europa.

Si sucede, en off, la larga serie de despreciables asociaciones comunes, le conviene a alguien. Amigo de Menem, vehemente para pedir que saquen el ejército a la calle para matar a los pibes chorros y creador de esa canción que rezaba: “Si te agarro con otro, te mato. Te doy una paliza y después me escapo”, Facho de Buenos Aires sumó otra a la colección y la dedicó a los colombianos.

Y me vino Juan Valdez a la cabeza. ¿Se acuerdan? En la publicidad, un cosechador colombiano y su burrito se deslomaban para que los que podían pagarlo tomaran el mejor café del mundo.

Ojeda llegó a Buenos Aires no con su burrito pero sí con su propio arte y una muleta que es el símbolo de su lucha entera. Le amputaron una pierna siendo bebé y baila y juega al fútbol y ama. Y lo fueron a buscar precisamente por eso y porque algunos tienen el hábito de hacer dinero con las desgracias ajenas. Pero Reinaldo también representa a los miles que aún en medio de circunstancias difíciles, hasta imposibles, se sobreponen y dicen: “Si se puede y quiero: adelante”.

Y además, se le ocurrió cometer el peor pecado: Reinaldo no baja la cabeza, no se victimiza, no muestra sus flancos débiles, no hace llorar a la audiencia. Reinaldo no se cree menos que quienes lo juzgan. Reinaldo revalora a cada instante su dignidad, no se arrastra pidiendo piedad u ofreciendo incansablemente disculpas por decir lo que siente -sobre todo, si se lo acicatea adrede para que lo diga-, como algunas señoras y señores hinchados de bótox y en psicóticos ataques de furia le reclaman, cual césares en pleno Coliseo romano, mientras la sangre enchastra la pista.

Reinaldo confiesa lo que siente. Reinaldo se niega a ser el forro que se desecha cuando lo mejor acaba. Y en la gran feria de las vanidades, eso tiene su precio. Se va haciendo noche, gente. Bueno sería empezar a ver lo que el azogue del espejo devuelve. Y que lo despreciable siempre regresa cuando la moneda que paga tu rating es la del menosprecio y la falta de humildad que le exigimos tanto a Juan Valdez.

Nancy Bullorini

nbullorini@perfil.com

Más información en la edición de SEMANARIO.

2 comentarios en esta nota

  1. jorge elizondo | 31 agosto, 2012 | 15:05

    Puedo dar por sentado que lo que dices de Cacho Castaña este acertado, y todo lo que expones en tu articulo sea lo real, pero eso no quita que se vea a esta persona con una soberbia fuera de lo común, y tengo para mi, que en lo general las personas con discapacidades no geneticas, tienen cierto resentimiento social precisamente por su especial condición, y generalmente aprovechan eso para lograr ciertas impunidades sin ser reprobados socialmente. Saludos

  2. GRACIELA ELENA | 2 septiembre, 2012 | 10:15

    chicos calma calma, no juzguen tanto, y tratar de colombiano cafe inadi a trabajar.

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