Gabriel Rolón dice que la televisión no muestra el psicoanálisis

El psicoanalista lleva a la televisión uruguaya sus “Historias de diván”. Realidad y ficción. Galería de fotos.

Garuaba finito sobre las callecitas de Montevideo y la gente se resguardaba bajo los aleros. Al costado del camino, el Río de la Plata reflejaba resplandores azules. Eran ya las cinco de la tarde y Gabriel Rolón continuaba hablando desde hacía casi más de una hora y los que estábamos presentes conservábamos el silencio y la atención que despiertan los que saben hablar con el corazón en la mano.

Este hombre, cercano a los 51, psicoanalista, hijo de obreros, que supo tener hasta cuatro laburos para poder terminar su carrera universitaria, que una vez dijo que no tenía peleas con su mujer, sólo discusiones, porque era muy susceptible al maltrato, hoy confiesa con una voz plagada de emociones que no pudo parar de llorar al ver los últimos cinco minutos finales del primer episodio de “Historias de diván”, unitario basado en su libro homónimo, con historias de pacientes reales, adaptado para televisión por Marcelo Camaño y filmado en Uruguay bajo la dirección de Juan José Jusid.

En tiempos en que las tiras que tienen como eje la terapia parecieran ser un boom en la Argentina y se instalan como nuevo género ficcional en la televisión, Gabriel Rolón, conocido por haber hecho una exitosa dupla en radio junto a Alejandro Dolina en “La venganza será terrible”, considera que lo que moviliza a las personas son las emociones humanas.

“La psicología es propicia para mostrar aspectos escondidos, miedos, inhibiciones. Y si la tratamos bien, es un lugar bastante noble”, asegura en relación con el interés que los medios muestran por un tema que llegó de la mano de “Vulnerables” para seguir con “Tratame bien”, “En terapia” y ahora “Tiempos compulsivos”. “Me pareció maravillosa desde el punto de vista de lo dramático –explica refiriéndose a “En terapia”–. Pero desde otro ángulo, no me gustó. Puede resultar interesante que un terapeuta quiera acostarse con su paciente, pero es éticamente erróneo que esto ocurra”.

Más información en la edición de SEMANARIO.

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