De “Mi primera novia” al casamiento igualitario

Evangelina Salazar fue, sin proponérselo, el símbolo de la familia en una época oscura. Hoy cambió, como la sociedad. Galería de imágenes.

Que Evangelina Salazar se sume a “Graduados” para una participación especial puede ser, para muchos, una noticia más. Casi todas las tiras usan el recurso de invitar a figuras que cambien la rutina de los personajes y llamen la atención del público que la mira de vez en cuando, y de la mano de una novedad, puedan “fidelizar” a ese televidente ocasional para sumar rating.

Pero la participación de la mamá de Sebastián Ortega, el productor de la tira de Telefé, como una jueza que celebra un matrimonio igualitario entre Guillermo (Juan Gil Navarro) y Fernando (Ivo Cutzarida) no es una más. Es que Evangelina y la familia que formó con Palito Ortega fue (sin quererlo) un símbolo para muchos argentinos de la Familia Occidental y Cristiana, que defendían los sectores más reaccionarios en la década del ’70, especialmente durante la dictadura.

Evangelina tenía todos los condimentos: era hermosa, tenía una carrera promisoria, pero se enamoró del yerno que querían todas las madres, se casó por televisión frente a millones de personas y dejó todo para formar una familia y criar a los (muchos) hijos, mientras que el hombre de la casa se dedicaba a trabajar.

Pero esa familia tradicional cambió. Siguen juntos, pero los hijos crecieron y evolucionaron a la par de la sociedad argentina. ¿Se habrá imaginado aquella chica inocente que se casó con Dean Reed en la película, que un día sería una jueza que casara a dos hombres? Seguramente no. Por eso, es más valiosa su interpretación en “Graduados”. Porque de la mano de los hijos y de los años, Evangelina y la sociedad argentina aprendieron a aceptar a los que piensan distinto y a los que sienten distinto. Y eso está buenísimo.

Carlos Piro

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