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El cumple de Susana Giménez, con festichola sólo para íntimos

Sólo 12 amigos fueron invitados para celebrar sus 69 años. Fue en el Hotel Conrad de Punta, con comida de reyes y música de mariachis. Galería de fotos.

Susana llegó a las 21.30 y subió al piso 16 del edificio más lujoso de Punta de Este, el Conrad Punta del Este Resort & Casino. El diseñador Roberto Cavalli había puesto todo su talento y esmero para crear algo especial para la señora ese día –largo, negro porque le quitaba unos quilitos de más que no habían sido desalojados con la última dieta, escotado, por supuesto, y con un particular estampado de colibríes en colores fucsia y beige, porque de lo contrario no parecía vestido para la Giménez–, en los pies y soportando la molestia en la rodilla que la tiene a maltraer, sandalias negras con piedras incrustadas de Giuseppe Zanotti y en la mano, cartera fucsia con moño, no de Vuitton pero sí de Givenchy. Arriba, en la suite Conrad, la más cara y paqueta del resort, sus 12 amigos la esperaban. Esa noche cumplía 69 años.

Mientras llegaba a la cena que le habían organizado, recordaba emocionada los bellos ramos de flores que habían estado llegando a su casa, durante todo el día: Luis Scalella, Julio Bocca, Tomás Yankelevich y Ricardo Muñoz se acordaron de ella.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron en el living de la suite, los vio a todos sentaditos: Teté Coustarot, Celia Sofovich y Sofía Neimann comían canapés fríos que un staff de cuatro mozos les servían con elegancia –blinis de salmón al eneldo con crema agria, shot de ceviche con atún, alfajores de setas con queso de cabra– De acá para allá, las brochettes de lomo con boniatos, las vieiras con panceta y salsa de azafrán y los langostinos crocantes con salsa teriyaki se iban deslizando por la suite, llevados por los guantes blancos de algún mozo y una variedad de mojitos terminó sacando sonrisas a más de uno.

“Feliz cumple, Susana!”, decía la leyenda sobre una gelatina transparente, salpicada de semillas y florcitas comestibles, sobre la mesa rectangular del comedor. La tanqueta central llegó: antipasti italiano, a la entrada, y ñoquis de papa y de berenjena con distintas salsas, para la salida. Las frutas de estación con almíbar de maracuyá y los helados de mango remataron una cena en la que ante Magali O’Neill, la cheff del restaurante St. Tropez del Conrad, todos se sacaron el sombrero, aunque no lo tuvieran.

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