Sin Marce, pero con la Telpuk y un tal Funes

Leé la columna semanal de nuestra editora jefa Marcela Tarrio.

¡Qué semanita aburrida! Yo entiendo que faltan los escándalos del reino dormido de Marcelo Tinelli, y que hasta que arranque Marley con su “Celebrity Splash” y empiecen a matarse a golpes los famosos tirándose a la pileta tendremos que sobrevivir escuchando a Andrea Rincón pelearse con Cristian U; pero eso no nos exime de gritar, una y mil veces, ¡qué hemos hecho para merecer esto!

Gracias a Dios, están Francisco, Maradona y Messi, o sea, la Santísima Trinidad, y todos los días nos sorprenden con sus canonizaciones, sus escándalos o sus desgarros respectivamente, como para seguir despuntando el vicio de desgranar noticias de famosos. Pero quiero más: quiero a Susana con varias copas encima diciendo alguna barbaridad (¡ya vuelve!), a Mirtha mandando al frente a alguna famosa en la mesa (¡volvé, por favor!), a Sofía Gala Porro, a Juanita saliendo del auto de otro que no sea Manguera, y si es un ministro, mejor; a Pampita agarrándose de las mechas con Macedo, y si me remonto a los viejos buenos tiempos, quiero otro cenicerazo de Su. Pero no, conformémonos con que este año, al menos apareció Leo Fariña y se llevó puesto al Rossi como para vestir de farándula el Laverrap oficial.

Tirale lavandina

Encima, como si la malaria de títulos de tapa fuera poca, la lavandina está haciendo estragos en bambalinas (conste que no uso el término gateras para que nadie se ofenda). Y hoy, hasta la más veloz se viste de traje sastre y amaga a levantar los brazos cual Evita sin siquiera llegarle a los talones a Esther Goris, y todo para dejar en el pasado el valijagate que la llevó de Aeroparque al teatro de revista, y postularse como candidata “a algo” en las próximas elecciones de Santa Fe. Tal es el caso de Luján Telpuk, que si se mete en esta se las va a tener que ver con Miguel Del Sel. ¡Ah, bueno, paren el mundo que me quiero bajar!

Igual, debo decir que estos cambios de hábito le sirven a Semanario ya que somos una revista para toda la familia, pero me solidarizo con mis pares, y les digo, mujeres de plumas tomar, que así no hay revista Hombre que aguante ni cuerpo que lo resista. Chicas, ¡a ver si entienden que la idea es que se sigan desnudando y no que vistan de Chanel…!

Dale, ¡volvé!

Si ustedes se preguntan por qué discurro sobre estos temas, pues bien, lo confieso, no hago terapia. Todo venía a cuento de algo que me pasó el último fin de semana, cuando en la misma mesa familiar en la que antes sólo se hablaba del bailando, el soñando, el cantando y los mil y un “ando” del pope de Ideas del Sur, ahora sólo se comentan los chistes de Yayo en su “Sin Codificar”, se cuelan las denuncias de Lanata y se discute de fútbol mientras en la tele pasan el partido de River contra All Boys. Y sin dudas, la vedette es, por robo, Rogelio Funes Mori. Puedo decir sin temor a equivocarme, que al final del rosario de insultos que le estampó mi sobrino, hincha del Millo como yo, pero fanático extremista, más que como Moria o la Farro el delantero quedó cual un Zulma Lobato desplumado. ¡Pobre pibe! ¡Tengámosle paciencia que algún día se va destapar y vamos a terminar poniendo la bandera al mejor estilo “perdón Bilardo”. La cosa es que, así, de sobremesa, entre tarjetas rojas y gritos de gol, la charla seguía con las locuras de Suar y el dólar, pero de cinco preguntas que me hacían, tres eran: “Y, ¿cuándo vuelve Marcelo?” Y la verdad, ahí entendí “fatto in casa” cómo lo extrañan en la popu. Pero no tuve respuesta, y no quise arriesgar una, porque últimamente, en lo que a los entreveros de la tele respecta, el que tenga buena puntería, ¡que tire el primer Funes Mori!

Marcela Tarrio
(Editora Jefa)

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