Cuidado con los parásitos, que te comen

Los vivillos vividores que nunca faltan, bajo la mirada de nuestra editora jefa.

Entre las distintas acepciones que la Real Academia Española indica para la palabra “parásito” se mencionan las siguientes: “ser vivo que utiliza a otro ser vivo como alimento sin llegar a matarlo” y “persona que vive a costa ajena”. Según el abogado de Shakira, parásito es, lisa y llanamente, Antonito de La Rúa. Y aclaro desde ya, para que no caigan cartas documento, que lo dijo él. ¡Yo sólo me arrogo el derecho de felicitarlo!

Es que la defensa de la cantante colombiana reaccionó tras la decisión de un juez de Ginebra (Suiza), que desestimó la demanda de Antonio con la que el argentino pretendía obtener parte de la fortuna de la cantante alegando que le pertenecía. El abogado de la artista, Marc Bonnant, aseguró que “los métodos vergonzosos de este parásito se han desestimado”. Por su parte, la abogada de De la Rúa dijo que su cliente “no apeló la decisión”. Ah, bueno sería ¿no? De hacerlo estaría revalidando el título de piojo, nomás.

De príncipes a lombrices

Más allá de los 100 millones de dólares que el hijo del ex Presidente argentino Fernando de La Rúa (¿de tal palo…?) viene reclamando desde que Shakira lo echó de su vida, cuando pasan estas cosas siempre surgen dos bandos bien diferenciados que echan agua para su molino según le haya ido en su propio divorcio. Está claro que la división de bienes y el mentado 50 y 50 pesa, pero dejémonos de embromar, que cuando la reina del Waka Waka se agenció a este collar de melones ya era Shakira y el hombre no pasaba de ser el hijo del aburrido y trabajaba menos que Máximo. Pero me enerva, debo decirlo, escuchar a algunos defendiendo al señorito a quien se le debería caer la cara de vergüenza antes de pedirle ni un rulo a la hoy mujer de Piqué. Tanto como me saca de las casillas escuchar al ex de mi amiga pedirle la mitad de la casa que él nunca se ocupó de pagar mientras ella trabajaba día y noche. Que en todos lados se cuecen vividores, y el parasitismo no tiene clase social: como digo siempre, aquel que no tuvo un parásito en su vida, que tire la primera lombriz.

Mi intención no era irme por las ramas, pero esta gente saca lo peor de mí. En realidad, mi idea era hablar de otros parásitos del medio que hoy son noticia, así como alguna vez lo hicieron sus antepasados más nobles. Y ahora, todos de pie, que llega la bandera de ceremonia con su abanderado vitalicio por ser el alma mater, el que hizo escuela y el que sentó jurisprudencia y devino en ídolo de multitudes. Claro está, multitudes masculinas de pelo en pecho pero poca hombría en sus boxers Armani. El que supo dar cátedra de cómo vivir de su “huesped” (así llama la biología al ser vivo que alberga al bicho vividor) durante años y, después, quedarse con muchos millones de dólares de los cuales ni uno tiene su sangre y menos su sudor. El mismo que, junto a Barreda, conformó el dúo impresentable de ídolos populares en cualquier mesa machista. No hace falta nombrarlo, y tampoco lo haré porque no soy tonta: el hombre no trabajaba, pero después de separarse se buscó una changuita fabulosa viviendo de hacerles juicios a los medios, así que no esperen ni sus iniciales. No hay que ser muy instruido en farándula para sacarlo y basta con retroceder unas páginas para encontrar a su famosa víctima.

La culpa no es del chancho

Pero bueno, no sólo los maridos pueden pasar de príncipe azul a sapo y terminar convertidos en lombrices. Algunos “hijos de” arrancan chicos y eligen de huésped a papá o mamá, aunque ahí ya no hay que echarle la culpa al chancho… Sin más, miren al dúo dinámico de Charlotte y Alexander Caniggia. No sé si me dan risa o pena, pero por favor, ¡que alguien detenga a esta chica!. Al menos él se puso de novio y no molesta, pero ella, entre que está irreconocible y tiende a convertirse en la versión juvenil de Amira Yoma, se reproduce como un virus e invade la web con sus fotos mientras vive del canje, del cirujano y de la billetera de papá sin al menos descubrir un talentito para probar el verbo trabajar…

Nadie está libre y a todos nos puede pasar, pero lo digo hoy y queda registrado. Si yo tuviera una Charlotte en casa, la cirugía estética se la hago yo, sin anestesia, y con mis propias manos.

Marcela Tarrio

Editora jefa

Un comentario en esta nota

  1. antoniaca | 20 Julio, 2013 | 21:27

    gi que es un vividor pero por ser mujer no tengo que ser feminista mi madre no trabajo en su vida ,y eso se ve bien que la mujer se quede en casa y el marido a trabajar

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