Temas en este artículo: , , ,

Al Colón, al Colón, pero llevate un botellón

Nuestra editora jefa comenta la entrega de los Martín Fierro.

La entrega de los premios Martín Fierro no sería tal si no tuviera, cada año, un sinfín de perlitas, desprolijidades y desatinos varios. ¿Colón sí o Colón no? Yo voy por el sí. La fiesta ganó en glamour y prolijidad, aunque también en aburrimiento, y gargantas secas ya que no se repartió ni un vasito de agua durante la gala y para tomar uno había que salir al pasillo… Pero, al menos no tuvimos que soportar famosos comiendo y gritando mientras un colega desgañita su garganta rogando que alguien lo escuche.

Claro que de nada sirve el brillo que el gran coliseo nacional le presta al gaucho mayor de la Argentina si después, un director de cámaras mal dormido lo opaca, como hizo el de turno, por ejemplo, con el homenaje a los artistas fallecidos en 2012. ¿Para quién ponchaba? La mitad de los difuntos quedó sin verse y los únicos privilegiados fueron los de la orquesta, que pudieron verlos a todos sin ganarse una tortícolis. ¿O fue a propósito, cosa de que si había algún olvido de parte de APTRA pasara inadvertido? Lamentable.

Tanto como la pegatina que hicieron con los premios que se grabaron con anterioridad. Que el que metió mano en cortar y pegar ni sueñe con un Fierro en el rubro edición porque fue de terror. A veces sirve copiar lo que está bien hecho, y hubiera sido prefrible imitar a los Premios Clarin o Gardel: ir al corte con una voz en off diciendo “también se entregaron los siguientes premios” y dar paso a las entregas pregrabadas.

Yayo y Lago: dos injusticias

Esta gala, que tuvo un rating fantástico con picos de 37 puntos, no se privó de premios inexplicables e injusticias repetidas. Digámoslo clarito: una vez pasa, pero que dos años consecutivos te roben a mano armada lo que es tuyo por decreto popular, es demasiado. Así que Yayo, querido, sabé que acá en Semanario, como afuera, en la popu, vos sos el gran ganador en el rubro Mejor Labor Humorística en TV. Todo bien con Fátima Florez, a quien banco, admiro y apoyo, pero al menos había que compensar a Guridi por haberlo dejado pagando en la edición anterior cuando se lo dieron a Dady Brieva ¡por apenas una participación en lo de Susana! Ojo, no estamos dudando aquí de la legitimidad de los votos, pero sí de la edad de los votantes y su peculiar capacidad para no entender que lo popular es un termómetro invalorable a la hora de medir cualquier indice de la televisión. Y es ahí cuando me pregunto por qué le dicen dos veces no al hombre que hace reír a grandes y chicos por igual. ¿Será que no entienden su humor? 

Y si de desatinos se trata, aquí va el mayor. Me saco el sombrero ante Virginia Lago, la admiro como actriz, pero que se haya consagrado como mejor conductora por lo que hace cada tarde en “Historias del corazón” (donde más que conducir, presenta) es un chiste. Bueno, al menos ahora que se ganó el Martín quizás Telefe le compre un plasma para reemplazar ese televisor setentista que le pusieron en su decorado. Y por otra parte, lo de Beto Casella fue demasiado, porque, guste o no, el mejor conductor es Marcelo Tinelli. Y no me van a decir que los votantes pusieron en la balanza que él ya lo ganó, porque de ser así, ya podrían ir aflojando con Magdalena Ruiz Guiñazú, merecidísima ganadora siempre en la radio, pero ya sin lugar en el living para tantas estatuillas…

Lágrimas sí, agua no

Siempre hay cosas para criticar. Siempre hay excesos en los que agarran el micrófono (¡callen a Prandi o al menos no la junten con Iúdica!), tintes políticos, enojos, y mil cosas por mejorar. Pero es el premio más popular que tenemos y hay que cuidarlo. Así que, roguemos que el próximo año, si se vuelve a realizar en el Colón, el canal organizador consiga un canje con una marca de agua mineral para convidarles a los periodistas e invitados; que Yayo se vaya con una estatuilla; que Francella se gane el oro de una vez; y que las butacas estén todas ocupadas. Y otra cosa: ¿alguien me puede explicar que hace cada año Ingrid Grudke en la entrega de los Martín Fierro y qué hacía El Mago sin Dientes en el Colón?

Eso sí, como digo lo malo digo lo bueno: me mataron los violoncelos y el homenaje al querido Juan Carlos Calabró, la única parte de la gala en la que se me piantó un lagrimón. ¡Qué alegría, que alegría, olé, olé, olá… Vamos Cala todavía, estás para ganar! Ponéte bien, Juanca, que te queremos disfrutar 50 años más…

Marcela Tarrio
Editora jefa

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *