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Almorzar y atragantarse con Chiqui, una grande

Nuestra editora jefa analiza el regreso de la gran diva nacional.

“Podrán decir; podrán hablar; y murmurar; y rebuznar”, reza el inmortal tango de Pelay y Canaro “Se dice de mí”. Y me viene como anillo al dedo para exclamar que podrán decir lo que quieran de la gran diva nacional, excepto que no tenía que regresar a la tele y sus almuerzos. ¡Volvió la inimputabilidad a la mesa! ¡Volvieron las preguntas sin filtro! ¡Volvieron las interrupciones! ¡Volvió Mirtha, carajo, mierda! Y nada de lo que sucede en este mundo le es ajeno porque, a diferencia de otras conductoras, siempre está bien informada y no se le escapa la tortuga. ¡Andá a agarrarla a la señora sin saber que Coki Ramírez está saliendo con “el Gato” Romero, o que Malena, la esposa de Sergio Massa, de dulce masita no tiene nada! Jamás, porque “yo leo todo, señores”, como bien aclara cada vez que puede.

Genio y figura

Por supuesto, también regresaron las respuestas interruptus, pero como dice el refrán, al que le gusta el durazno, que se banque la pelusa. Y eso tanto para el televidente como para los comensales de turno. A mí, por ejemplo, me gustan los almuerzos (los de hoy, los de ayer y los de siempre) y sé que soportar que Chiquita a veces (cada vez menos) no deje hablar a los entrevistados es un precio que tengo que pagar, pero que pago con ganas, sobre todo en tiempos donde encontrar en la tele a una mujer que sepa preguntar con inteligencia pero sin condescendencia es más difícil que pescar a Facundo Arana pasando un semáforo en rojo.

Así que festejo por su vuelta, Señora, así como celebré cuando volvió a ser actriz en “La Dueña”. Celebro que no le tenga piedad a Pamela David, la verdadera “dueña”, así entre comillas, del canal donde hoy usted almuerza cada domingo, y que no se le achique, le retruque y seguramente le cante vale cuatro cuando vuelva a insistir con que su nieto Nacho Viale no le conviene como productor, aunque usted ya salió a defenderlo como ser su abuela manda.

Aplaudo también que el filtro que casi nunca tuvo hoy esté, directamente, desactivado. Y se mande perlitas como las del último domingo, cuando hablando de embarazos le sugirió al novio de Coki: “A ver, golfista, si donde pone las pelotas pone ahí también…”  O que recuerde que “están carísimos los zapallitos, pero la mandarina es accesible”. Pero lo que más me gustó  fue cuando lanzó, así, como quien mira llover, que “me parece que la Presidenta lloró por la derrota en las elecciones y después se puso un tapa ojeras. Yo hubiera llorado a los gritos”. En ese momento, recuerdo que yo estaba almorzando y se me atragantó la frutilla del postre. Seguro que no fui la única. Yo que la Chiqui hubiera agregado: “Y bueno, eso es por no venir a mi programa. Hubiera venido, que yo… ¡traigo suerte!”.

Marcela Tarrio

Editora jefa

Un comentario en esta nota

  1. Carlos D. Pereyra | 7 septiembre, 2013 | 19:06

    Sencilla y Magistrarlmente … Genial !! – Aguante “La Chiqui Carajo, mierda” !!!

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