Gabo, siempre estás al alcance de mi mano

El recuerdo de Gabriel García Márquez por Marcela Tarrio, Editora Jefa de Semanario.

Por

Gabriel García Márquez

Por lo general, cuando uno dice “mi libro de cabecera es tal o cual”, no es tan literal. Pero en mi caso, sí. Allí duerme, pegado a la cabecera de mi cama, sobre la mesita de luz, acompañando mi vida desde hace muchos años, y me mira de reojo cuando ve que mi mano se estira para atraparlo, mientras agita su lomo como diciéndome: “¡¿Otra vez?!”. Lo tengo cansado, marcado, escrito, señalado, y vuelvo a él cuando empiezo a descreer del amor o me acecha la desesperanza. Cuando mis fuerzas flaquean ante un desánimo e, incluso, cuando repito que todos los hombres son iguales… ¡Cada tanto necesito aferrarme a Florentino Ariza; de vez en cuando me siento tan Fermina Daza, y tantas veces se me hace urgente un Juvenal Urbino…!

No he leído historia de amor más maravillosa que la que Gabriel García Márquez escribió en “El Amor en los Tiempos del Cólera” y hoy que Gabo nos dejó, decidí leerlo otra vez, y van… Como haré con “Cien Años de Soledad”, “El Coronel No tiene Quién le Escriba” y tantas otras maravillas que su pluma nos regaló. Ese será mi luto por Gabo, rendirle lectura eterna por segunda, tercera, y nunca última vez. Pero también decidí que ese libro que duerme conmigo desde que lo hice mío en 1986, hoy reciba soberana envoltura.

Nunca quise forrarlo porque en esa tapa gastada están grabados mis dedos juveniles buscando respuestas, mis dudas, mi emoción ante ese amor esperado durante “cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches”, así como en cada línea subrayada está, perenne, mi admiración. Nadie me pudo decir de una manera tan sabia que “el problema del matrimonio es que se acaba todas las noches después de hacer el amor, y hay que volver a reconstruirlo todas las mañanas antes del desayuno”. O que “lo único que me duele de morir es que no sea de amor”. O que “la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado”.

Hasta la próxima

Para quien aún no lo haya descubierto, hablo de un hombre que escribía así: “(…) Entonces él extendió los dedos helados en la oscuridad, buscó a tientas la otra mano en la oscuridad, y la encontró esperándolo. Ambos fueron bastante lúcidos para darse cuenta, en un mismo instante fugaz, de que ninguna de las dos era la mano que habían imaginado antes de tocarse, sino dos manos de huesos viejos. Pero en el instante siguiente ya lo eran. Ella empezó a hablar del esposo muerto, en tiempo presente, como si estuviera vivo, y Florentino Ariza supo en ese momento que también a ella le había llegado la hora de preguntarse con dignidad, con grandeza, con unos deseos incontenibles de vivir, qué hacer con el amor que se le había quedado sin dueño”.

Hoy voy a forrar mi libro con tu foto, y bajo ella pondré otra frase tuya: “El periodismo es la profesión más linda del mundo”. Y vaya que la honraste con tus crónicas, de una exquisitez envidiable. Chau, querido Gabo, hasta la noche, cuando te vuelva a leer, antes de dormir. Y ojalá que esa novela que estabas escribiendo, que ahora será póstuma, pueda llegar al mundo. Dicen que se llama “En Agosto nos Vemos”. Que así sea.

24 de abril de 2014

Un comentario en esta nota

  1. paula | 27 Abril, 2014 | 21:15

    Nunca he podido terminar de leer “el amor en los tiempos del colera” por lo que quisiera saber si la frase del matrimonii es un fragmrnto de esta obra. Gracias

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *