Diez cafecitos calientes para llegar al de Oro

El calificativo que mejor le queda a esta estrega de los Martín Fierro es “aburrida”. Mucho café, poca acción, todo muy previsible. ¡Y encima Solita tomó agua!

Por

Arturo Puig y el Martín Fierro a la trayectoria

Todo muy lindo con los Martín Fierro, pero me aburrí demasiado para un domingo fresco en el que la había pasado genial mirando por enésima vez “Los Puentes de Madison”, por El Trece. Le puse garra y profesionalismo, pero, y aquí hablo como televidente, fueron más las veces que me levanté a hacerme un cafecito caliente que las que me clavé al sillón esperando una sorpresa. El café era vital, primero para no caer en brazos de Morfeo, y, segundo, para ambientarme porque el evento más importante de la televisión y la radio argentina venía más frío que un baile de Evelyn Von Brocke. ¡Y midió sólo 22 puntos de rating!

¿Quién le ha sacado todo el vino?

Podría contar con los dedos de la mano los momentos que me mantuvieron pegada al televisor, y fueron los que protagonizaron Arturo Puig con su tarde pero seguro Martín Fierro a la trayectoria; el recuerdo a los que ya no están, esta vez sin olvidos pero, por supuesto, con los irrespetuosos de siempre que siguen hablando en los pasillos en vez de hacer silencio, y… Uy, me sobran ocho dedos.

Es más, me había entusiasmado con la bromita tonta de Jorge Lanata amenazando con un bidón de nafta que si ganaba “678” se prendía fuego, pero la previsibilidad con la que llegó impregnada esta entrega era tal que de entrada todos sabíamos que Lanata se iba a llevar su fierrito a casa y que, a lo sumo, iba a disparar munición gruesa en su dicurso. ¡Pero ni eso! Saludó, agradeció y se fue. Ahí fue cuando me di cuenta de que al bidón le faltaba nafta porque estaba por la mitad, y soñé que Solita se había tomado el faltante y que al menos a la salida íbamos a tener una fiesta para recordar, pero ¡tampoco! Justo este año que la cosa estaba aburrida a Sole ¡se le da por tomar agua! ¿No había un samaritano que la tentara con un tinto? ¿Puede haber tanta maldad?

¡Me duermoooo! 

Ya con escarbadientes en los ojos llegué al Oro, porque quería ver a mis queridos “Farsantes” recibir el merecido premio, y me fui a dormir, ahora literalmente, y con varios interrogantes.

Primero: ¿Alguien me puede explicar qué hacían ahí las Xipolitakis, vestidas de seda pero igual de monas? Dos: ¿Agustina Cherri y Calu Rivero estaban fumadas; aburridas o son así las 24 horas del día? Ni con la ropa la embocaron porque junto a Emilia Attias armaron el trío del “Ups, me olvidé el espejo”. Una cosa es ser joven, cool y gozar de la inimputabilidad de la belleza, pero otra, Calu, Emilia, es ir a una gala sin peinarse. Y tercero: ¿alguien sabe qué fue de la vida del Martín Fierro de Platino? Duró menos que Vitto Saravia en el Bailando y se fue sin dejar rastros. Yo que APTRA, lo resucito. Será caro, pero al menos teníamos una excusa más para querer ver el final. O si no, les tiro una idea: pongan un premio extra al televidente que se banque toda la transmisión sin cabecear. Seguro que hacen negocio.

21 de mayo de 2014

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *