El mejor regreso del gran Simulador

Fui a ver “Relatos Salvajes”, “la” película del momento. No sé si será el mejor filme del cine nacional de 2014, pero la vuelta de Szifrón es indiscutible.

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El elenco de “Relatos Salvajes” junto a Damián Szifrón, su director.

“Relatos Salvajes” es el título más mentado en estos días, y con razones de sobra. Muchos, como Luis Brandoni, dirán que está inflada y que ni por asomo es la mejor película argentina del año. Otros, la guardarán entre las favoritas del cine criollo, y la recomendarán. Yo estoy de este segundo lado, aunque admito que no hay que ir al cine con tanta prensa previa porque el entusiasmo te arruina la sorpresa. Más allá de ese detalle, me encantó, y aplaudí semejante capacidad para filmar la más intrínseca violencia que puede guardar el alma humana con tanto humor, y no del negro. En eso, el gran Damián Szifrón puede dar cátedra.

Todos lo sabíamos desde que disfrutamos “Los Simuladores”, ese programa de su factoría cuyo espíritu está vivito y coleando en el filme, como fantasma errante, para resolver situaciones tan interminablemente dramáticas como la que le toca a Leonardo Sbaraglia en su parte. Vos lo mirás y decís: ese final es digno de aquellos cuatro fantásticos.

Para los que no la vieron, sólo contaré que el filme es la suma de seis episodios que sólo tienen en común la idea de que todos podemos llegar a perder el control y reaccionar de forma absolutamente violenta e inesperada. Y te juro que por más paz y amor que seas, vas a salir del cine preguntándote hasta dónde llegarías vos en un caso similar. Y te vas a sentir tan identificado que vas a agradecerle al director haber hecho en la pantalla aquello que vos hubieras querido hacer una y mil veces, por ejemplo, con el hijo de una buenísima administración porteña que más de una vez te hizo parar el corazón cuando fuiste a buscar el auto y no estaba en su lugar porque se lo había llevado la grúa. Lo que no quiere decir, claro, que lo vayas a hacer. ¡Pero qué lindo es verlo de afuera, vivirlo como en carne propia y respirar porque no es más que una ficción! Ni hablar del episodio de Érica Rivas, en el que, si estás por casarte, vas a mirar a tu pareja de reojo como diciéndole “ya sabés la que te espera si me hacés lo mismo”. Y hasta en cierta forma, te vas a sentir un poco Pasternack, ese ex alumno, ex novio, ex amigo, ex vecino, ex todo, que intentará vengarse de los que alguna vez lo trataron mal, de un solo saque y con, aquí otra vez, una obra digna de Santos, Medina, Ravenna y Lampone.

Por supuesto, desde lo ideológico hay debate para rato. Que es algo reaccionaria, que hace apología de la justicia por mano propia, en fin… Yo prefiero pensar, sencillamente, que en varias historias hay una exageración sublime de mucho de los que todos alguna vez quisimos hacer, pensamos que podríamos ser capaces de hacer o sabemos que el del lado podría hacer. Todos tenemos, dentro de uno mismo, dormido, o cerca de casa, un Simón (Darín) o un Mauricio (Oscar Martínez). Porque si hay algo cierto en esta película es que todo lo que se ve, podría ser.

No sé si será la mejor película argentina de 2014, pero el regreso de Szifrón es el mejor: con su obra elogiada en el mundo, con un éxito comercial innegable y con el mayor premio que puede tener un director: la gente aplaude, se ríe y se queda pensando.

04 de septiembre de 2014

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