Cuidado, que en el barrio hay un nuevo buchón

Internada a causa de una bacteria, me di cuenta de lo aburrida que es la tele los sábados. Pero, por suerte, llegó Google Street View para llenar mi alma de chimentos.

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Este es mi octavo día internada por culpa de una bacteria que, sin pedir permiso, se metió en mi cuerpo y me tuvo a maltraer. Y debo decir que tanto aburrimiento en mi habitación me hizo comprobar varias certezas, y la primera es: ¡qué aburrida es la tele los sábados a la tarde, por Dios! Si no fuera por los libros, mi notebook y el cable, hubiera tenido que morir con Rozín homenajeando ¡a Topa! en “Gracias por Venir…”,
programa al que se le acabaron las estrellas a las que rendir tributo y, si seguimos así, en breve tendrá llorando a moco tendido con toda su familia a Andrea Rincón e Ivo “es corta la bocha” Cutzarida. A la noche, la cosa fue mejorando y, entre que contestaba “Los 8 Escalones”, lloraba por la boda de mi adorado George Clooney y la maldita abogada, y cenaba con Mirtha, las horas pasaron ligeras, pero la modorra igual ganó la
batalla. Hasta que apareciste tú, como diría Cacho…

Gracias Google Street View, porque llegaste a la Argentina en el momento más aburrido de mi vida y me hamacaste el insomnio busca que te busca, viendo si mi casa, las de mis amigos y mis no tanto aparecían. ¡Qué manera de recorrer las calles de mi barrio! Y oh sorpresa cuando me encontré con el viejo gruñón de enfrente tirando la bolsa de la basura en mi vereda. ¡Meses tratando de pescar al desgraciado y me lo entregaron servido en bandeja! Esperá que vuelva a casa, imprima la foto y te la vaya a enrostrar en la cara… ¡Andá a reclamarle al buchón de Google, hoy
para mí, el paladín de la justicia!

Google, mi Gran Hermano
Con lo chusmas que somos los argentinos, ahora llega este observador virtual que, sin moverte de tu casa, te permite recorrer las calles de tu país, pero también te da el gusto de encontrar perlitas soñadas, como por ejemplo, a tu novio entrando a su casa con otra (si justo vos tuviste la suerte y él la desgracia de que el autito multicolor pasara en el momento indicado). Yo me hice una panzada. E imagino que ustedes también. Porque esto lo sé a ciencia cierta: ¡A los argentinos nos encanta chusmear! Si así no fuera, los programas de chimentos no tendrían tanto éxito. Pero aquí hablo del chusmerío de barrio, ese que te empuja a ver qué está haciendo tu vecina, el que hace a la idiosincrasia y la naturaleza argenta y para cuyo alimento ahora tenemos un aliado más. Claro que, a diferencia del viejo vaso pegado a la pared, o la ventana indiscreta que te oculta de la vergüenza a la vez que te regala un panorama exquisito de novedades cotidianas, éste te lleva a pasear e, incluso, te traslada a otras provincias sin gastar ni en pasaje. Una joyita.

Unos dicen que invade la intimidad. Otros, se enojan porque saludaron al autito cada vez que lo vieron y aún no se encontraron en ninguna foto. Yo, en cambio, tengo otro reclamo. ¿Para cuándo el Google Fast Fat? Ese que te invite a caminar de forma virtual y te devuelva a casa con los efectos reales del ejercicio aeróbico y al menos medio kilito menos. Dale, Google, querido, los anti-gym están contigo.

Ahora, los dejo y, me den o no de alta, me voy a correr seis kilómetros…, pero en Google Street View.

02 de octubre de 2014

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