¡Qué suerte que tu cara suena los domingos!

Alejado de las polémicas del Bailando, este reality gana en calidad, humor y emoción. Suficiente para pedir una tercera temporada.

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“Tu Cara me Suena”, segunda temporada. FOTO: Telefé.

Es infalible: Cuando la idea es buena y se la cocina con talento y una gran producción,
tienen que pasar demasiadas brujas espolvoreando sus gotitas de mala suerte como para
que el plato no resulte un éxito. Y “Tu Cara Me suena”, que ya va por su segunda temporada en Telefe, por suerte, es un menú delicioso para esas nochecitas de domingo en que lo único que uno quiere es divertirse un rato, lejos de Lanata y sus pálidas realistas.

Un soplo de aire fresco. Eso es el ciclo que conduce Marley y que consigue una de las reglas básicas de la televisión: entretener. Y lo logra con creces. Por empezar, con una escenografía que no escatima en gastos y que se pone al servicio del show. Con una edición prolija y rápida, con la que hila el back y lo que se vio sin tornarse aburrida. Con
participantes con tan buena onda que da gusto verlos, sobre todo cuando, en vez de irse al terminar su perfomance, se quedan en el piso, mirando a sus compañeros. Es que esto
no es el Bailando, donde cada semana se va uno y todos serían capaces de matar por durar. Aquí nunca se va nadie y sólo está en juego divertirse y ayudar a alguna entidad.
Ese “quedarse”, además, sirve como termómetro para saber quién conviene que salga primero a escena la próxima, para permanecer el resto del programa tirando chistes y, por qué no, creando algún conflicto, pero livianito, ya que esto no es la guerra de Polino versus Pedro Alfonso, ni se le parece.

Ni hablar de la piedra fundamental, que es la imitación. Acá no se trata de ver y escuchar cantar a un famoso, como veníamos acostumbrados con los Bailando y los Cantando, sino de verlos cantar y bailar a imagen y semejanza de otros, muchísimos más famosos y reconocibles que ellos. Y para ello, las máscaras de Andrés Parrilla hacen maravillas, aunque no milagros, y cuando el perfil del imitador no da ni en el blanco del ojo con el del imitado, el resultado puede quedar tan al borde de la caricatura que te terminás desparramando de la risa en el mismo sillón en el que, antes, lo hacías de emoción. Para muestra de los recientes clones fallidos, basta ver a Miguel Angel Cherutti convertido en uno de Los Nocheros, pero más parecido al Muñeco Mateyko que al folclorista.

Elenco movedizo
Otro punto a favor es el jurado, que aquí está para divertirse y divertirnos y no para sacar sus trapitos al sol. Tan es así que ya nadie se fija si todo el tiempo entra uno y sale otro como en un conventillo, ¡porque en el elenco pasa lo mismo! Con tantas entradas y salidas de famosos, yo ya no sé quien es un participante estable y quién un colado, pero, cómo diría Thalía, ¿a quién le importa?

Todo suma al show. Y rinde. Suficiente para pedir por una tercera temporada. No por nada los españoles, creadores del formato, ya van por la cuarta y sigue siendo un
éxito. España es un país con una idiosincracia televisiva muy diferente a la nuestra, donde hasta los Bailando carecen de peleas mediáticas, algo que aquí le agregó Tinelli; pero esta vez Argentina optó por copiarse al pie de la letra. Y lo bien que hizo.

06 de noviembre de 2014

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