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Más, Valeria nos da cada día más…

Como cada año, fui a ver a Valeria Lynch en el Gran Rex. Un recital único, para fanáticos de ella y de la música. Cuando la excelencia y la humildad pueden ir de la mano.

Por

Valeria Lynch, en concierto.

Años atrás escribí una editorial sobre Valeria Lynch, y lo haría cada vez que voy a verla a un clásico recital del Gran Rex –cosa que hago religiosamente cada año– porque no temo repetirme cuando lo que se repite, renovándose en calidad y energía, es el talento y la generosidad. Pocas veces vi arriba del escenario una artista tan generosa como ella, y les puedo asegurar que, en el escalón en el que ella está de virtuosismo y popularidad, combo semejante se puede contar con los dedos de una mano.

Tuve el placer de ver el último de los cuatro shows, el domingo 7, y escucharla decirle a su invitado de turno, el genial Gustavo Remesar (ganador del “Soñando por Cantar”) “yo voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para que a vos te conozca todo el mundo porque nadie puede privarse de escucharte”, fue conmovedor. Y doy fe de que lo mismo hace con todos aquellos a los que invita a cantar a su lado, así como con su impecable coro, su orquesta y su magistral director musical, Daniel Vilá.

En un tiempo de egos gigantes y egoísmo a rajatabla, que una número uno le dé el lugar que ella le dio a este hombre que hoy está en la Argentina pero bien podría estar triunfando en un musical de Broadway porque no se puede creer cómo canta, no sólo no es moneda corriente sino que es la aguja en el pajar. Meses atrás vi un video en el que a Michael Bublé, en pleno concierto en Gran Bretaña, una de sus fans le pidió que permitiese a su hijo de 15 años subir al escenario, y Michael no sólo aceptó, sino que lo sentó a su lado, le preguntó qué quería cantar, y cuando empezó a entonar “Feeling Good” se quedó atónito y terminó aplaudiéndolo al grito de “¡lo hace mejor que yo!”. Eso no pasa seguido, señores. No pasa con gente desconocida y mucho menos con alguien con algo de carrera, porque siempre un talentito, para los egos inseguros, es sinónimo de amenaza. Y hay que ser muy grande, sobre todo de alma, para no temer que otro te opaque.

Aleluya por el modo que tienes de cantar
Como digo siempre, Valeria te puede gustar o no, pero nadie en su sano juicio que la vea en vivo podrá decir que no es una artista tremenda que no equivoca una nota ni queriendo, y que logra que las 3.200 personas de la sala se pongan de pie después de cada tema para aplaudir esa garganta prodigiosa. Su talento ya no se discute, por eso acaba de recibir un Grammy a la excelencia musical. Y por eso, en junio de 2015 hará un merecidísimo concierto en el Colón, al que ya invitó a Remesar.

Yo ya no discuto con los que me dicen que grita, porque ella misma lo admite, “pero
afinadísima”, y porque debería decirles que si no la vieron siquiera brillar en el musical “Victor Victoria”, no pueden ni empezar a hablar. Yo la disfruto, la envidio y en
la ducha, hasta la imito con cada hit, porque para todos tengo un destinatario, empezando por el clásico “Que Ganas de no Verte Nunca Más” y terminando por el flamante “Estúpido”. De una fan, y en nombre de todas, gracias, Valeria, por darnos, literalmente, cada día más.

11 de diciembre de 2014

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