Temas en este artículo: , , , , ,

No sé tú, pero yo prefiero menos divismo

Nuevamente, Luis Miguel suspendió un concierto, esta vez en México. Un astro cada vez más alejado de la gente.

Por

No es la primera vez que Luis Miguel suspende un concierto. Es más, una de esas veces fue en Argentina, cuando en octubre del año pasado, con sólo una hora de anticipación canceló el show que debía dar en el Orfeo de Córdoba, días después de haberse ganado el abucheo de su público en Buenos Aires, por abandonar el escenario cuando apenas habían transcurrido veinte minutos del recital en GEBA, enojado por el mal sonido. “Problemas de transporte” y “desperfectos técnicos” son las dos excusas más mentadas en el caso del cantante nacido en Puerto Rico pero nacionalizado mexicano y que, sin discusión, es una estrella internacional. Ahora, que el organizador del evento suba al escenario y diga que el artista no va a salir porque “está drogándose y emborrachándose en el hotel”, nunca lo vi.

Inalcanzable

Eso fue lo que sucedió el último sábado en la ciudad azteca de Yucatán, cuando el apoderado legal del Coliseo salió al escenario y tras ese sincericidio (si fuera verdad), plantó la denuncia y al mexicano le valió la detención de tres de sus asistentes, que quedaron libres tras pagar una fianza y acordar la devolución de las ocho mil entradas. En tanto, el astro alquilaba un jet privado y regresaba a Estados Unidos. Un día después, llegaría el comunicado oficial en el que lamentaba lo sucedido y lo atribuía a un error de transporte. Sea cual fuere la verdad, es una gota más que colma el vaso de la pésima imagen que el cantante se viene dibujando.

Es un divo con todas las letras, porque para serlo, hay una condición básica que es preservar el misterio, y eso él lo hace de maravillas, ayudado, incluso, por la extraña historia de su madre desaparecida. De ahí en más, la calvicie, el supuesto quincho, la prohibición de hablarle directamente en los hoteles, sus romances, sus largas desapariciones que han dado lugar a rumores de muerte, y tantos otros ejercicios esquizofrénicos terminan de tallar la figura de “astro” con todas las letras, sobre todo por su calidad de inalcanzable. Particularmente, yo desistí de verlo en estadios. Ya lo hice una vez y juré que la próxima será sólo en alguna cena exclusiva, porque nada me gusta menos que un artista que en una cancha con 40 mil personas de pie ni siquiera se digna a hacer un bis fuera de programa. Prefiero escucharlo en casa y recordarlo divino, con su voz única y sus dientitos separados. Puesta a elegir, prefiero más humanidad y menos divismo. Por eso siempre voy a destacar a estrellas como Ricky Martin o Michael Bublé, que se dejan fotografiar, saludan a los fotógrafos, salen al balcón del hotel y no se esconden ni camuflan. Y que aún así, pueden tener vida privada, misterio, y no dejarse pescar cuando se quieren ir de juerga. O sea, cuanto menos Luismi me muestra o me cuenta de él, más quiero a Ricky, a Bisbal y a Chayanne…

12 de febrero de 2015

2 comentarios en esta nota

  1. lucre | 14 Febrero, 2015 | 12:40

    muy bueno lo tuyo

  2. Angel M | 16 Febrero, 2015 | 5:20

    LO QUE PASA ES QUE AHORA SE RECIBIO DE MARICON…Y DE ESA FORMA,DA ASCO.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *