Vamos, Oscar, que queremos repetir

Los premios se entregan este domingo, y yo ya lo palpito como si fuera la final de un Mundial. Esperemos que el jurado se incline por el humor argentino.

Por

El elenco de “Relatos Salvajes” junto a Damián Szifrón, su director.

En un verano aburrido como pocos en lo que a la temporada respecta, en el que los programas de chimentos deben remar en dulce de leche para llenar el espacio con escándalos mínimos y, a veces, protagonistas desconocidos, y en el que gracias a Dios, Alá, las Ruinas de Assos y el Pan de Azúcar las únicas historias que hoy nos preocupan son las de Onur y Sherezade de “Las Mil y Una Noches” y la de Bruno y Paloma de “Rastros de Mentiras”, saber que en días tenemos un Mundial, al menos a mí, me pone de buen humor. No, no se preocupen, no estoy mal medicada, es sólo que el domingo 22 de febrero se entregan los Premios Oscar y tener una película argentina en la terna de mejor filme en lengua no inglesa se traduce en el sentimiento popular casi, casi como estar disputando la Copa del Mundo. ¿O no?

¡Vamos, todavía!

Quien haya visto o no “Relatos Salvajes”, la excelente cinta de Damián Szifrón que acaba de ganar, entre otros premios, el Goya a mejor película iberoamericana, esperará nervioso frente a la tele ese momento sagrado en el que el presentador de turno diga “And the winner is…!”, listo para saltar de la silla o de la cama como lo hizo cinco años atrás con “El Secreto de sus Ojos”, de Juan José Campanella, y en 1985 con “La Historia Oficial”. O bien, para irse a dormir insultando en varios idiomas a la Academia y sus secuaces, como pasó con los otros filmes nominados a lo largo de la historia: “La Tregua” (1975), “Camila” (1984), “Tango” (1999), y “El hijo de la Novia” (2002). Y poco importa saber si las compañeras de rubro tienen con qué. Esto es una final del mundo, y nadie quiere que se nos escape de las manos, sobre todo cuando tenemos tan pocas cosas que celebrar con la bandera y la frente en alto.

El creador de “Los Simuladores” no la tiene fácil, pero a mi entender, las posibilidades están parejas y los pro y los contra por los cuales el jurado votaría o no por la Argentina están cincuenta y cincuenta en la balanza. Sin entrar en tecnicismos ya que, repito, en el fervor por gritar ¡vamos, carajo! frente al televisor el próximo domingo la cinefilia cuenta menos que el corazón, el hecho de tratarse de un filme construido en episodios suma, pero el tinte local de varios de ellos, como el de Bombita, resta, por más base universal de burocracia o furia que tengan las seis historias del autor. Por otra parte, el ruido que viene haciendo en el mercado internacional y el hecho de pelear contra cuatro dramas puede jugar a nuestro favor, al igual que el punto de que uno de los productores sea Pedro Almodovar, ya un nativo más de Hollywood, pero español.

Frente a nuestro equipo pelean la copa cuatro absolutos dramones: la película polaca “Ida”, la rusa “Leviatán”, la estonia “Mandariinid” y la africana “Timbuktú”. Dios y Francisco quieran que el jurado tenga más ganas de reír que de llorar porque al menos en este lado del mundo, los argentinos necesitamos un motivo real, y en este caso cultural y popular, para festejar.

19 de febrero de 2015

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *