Temas en este artículo: , ,

Un vestido no apto para los absolutistas

En una semana muy movida de noticias, de lo único de lo que todo el mundo habló fue de un vestido. Yo lo veo azul y negro, ¿y vos?

Por

La foto de la que habló el mundo.

En una semana en la que falleció el fiscal Julio César Strassera, cuyas palabras “Señores jueces, nunca más” en el Juicio a las Juntas militares que operaron durante la dictadura quedarán grabadas en la memoria de los argentinos; un símbolo de la Justicia bien habida, con mayúscula, esa que da orgullo y dignifica… En una semana en la que el fuego azota Chubut, literalmente en llamas, y la lluvia continúa desolando a la provincia de Córdoba… En una semana en la que el gobierno nacional movió las piezas de su equipo y Jorge Capitanich volvió a su Chaco natal para que un viejo conocido, Aníbal Fernández, regrese a su antiguo puesto de Jefe de Gabinete… En síntesis, en una semana movidita de noticias –a la que el domingo le seguiría el inicio de las sesiones ordinarias del Congreso y el discurso de tres horas de Cristina–, en semejante semanita, ¡el tema de los medios durante dos días fue un vestido! O mejor dicho, su color. Créase o no.

Veo veo, qué ves

Once millones de tuiteros y veintisiete millones de lectores de todo el mundo se la pasaron debatiendo durante dos días sobre la tonalidad del vestido de la mamá de una novia que lo subió a una red social. ¡Y hasta los científicos de todos los países salieron a explicar ese extraño fenómeno óptico que provoca que la mitad de las personas lo vea azul y negro y la otra mitad, blanco y dorado. ¡Otra que el virus de la Gripe A! Esta prenda, viralizada en las redes, contagió al planeta que, dos días después, tuvo que aceptar que todo no es más que una ilusión óptica y que el susodicho es azul y negro. Todos podemos quedarnos tranquilos ya que aquí no hay cosa de Mandinga y el vestido no está embrujado ni cambia de color solito, sino que la luz que hay en el fondo es tan intensa, que dificulta que el cerebro pueda concentrarse en la prenda cuando nuestros ojos la enfocan, para no entrar en detalles más técnicos.

Así las cosas, lo cierto es que, sin querer, un inocente atuendo creado por la firma británica Roman Originals, con detalles de encaje, que se puede conseguir en Amazon por 77 dólares y que viene en varios colores, además de todos aquellos que uno quiera ver, dividió al mundo. Y revivió desde el relativismo físico de Einstein, al cultural de Oswald Splenger (“Toda cultura tiene su propio criterio, en el cual comienza y termina su validez. No existe moral universal de ninguna naturaleza”), y el del mismísimo sofista griego Protágoras de Abdera con su expresión, allá por el siglo IV AC: “El hombre es la medida de todas las cosas”. Y, ya que hablamos de tonalidades, puso en blanco sobre negro, con un ejemplo clarísimo, aquella vieja ley de Campoamor (Ramón de, 1817-1901, poeta español) que dijo eso que repetimos a diario ante los hechos más cotidianos, al menos los que no somos absolutistas: “En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. Yo, por las dudas, aclaro que siempre lo vi azul y negro. ¿Y vos?

05 de marzo de 2015

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *