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Por mil como Fayt y nunca más un Piombo

Indignación es la palabra. La persecusión política a un juez de la Corte Suprema, otro magistrado que baja penas a violadores y la violencia en el último Boca-River molieron mi optimismo a palos.

Por

Juaz Carlos Fayt, perseguido por el gobierno.

Juro que quiero ser optimista, y pensar que mi hijo va a ver un país mejor, pero el optimismo me lo molieron a palos hace rato y me lo suturan y vendan a diario con cada hecho de inseguridad; con cada delincuente que entra por una puerta y sale por la otra; con cada violador que, un mes después de ser identificado, nadie logra encontrar; con cada funcionario que, creyéndome ignorante, me miente en la cara. Es la educación, estúpido, podría decir, parafraseando a Bill Clinton y su economía. Es la educación, y es el ejemplo. Así que, dale que va, que mientras nosotros les enseñamos a nuestros hijos a respetar a los adultos, a los ancianos y, sobre todo, a ser honestos, el gobierno embiste contra el juez de la Corte Suprema, Carlos Fayt, porque tiene 97 años y, según ellos, ya no sirve más. Por supuesto, en un país serio sería lógico debatir si a esa edad es conveniente ejercer una función pública, pero estamos en la Argentina y sabemos, porque encima son obvios, que Fayt estorba, como Nisman y como Lorenzetti, reelegido presidente de la Corte hasta 2019, para mal de Cristina. Según Aníbal Fernández, el que nos decía que la seguridad era una sensación, Fayt está viejo. La verdad, yo lo escucho y pienso en esos grandes y sabios viejos que tanto hicieron por la humanidad, o en los no tan mayores que decidieron suicidarse antes que hacerle el juego al poder de turno, como Favaloro, y me da vergüenza ajena. Y no sé si me miente más Aníbal cuando no me dice que en realidad Fayt es un escollo en el camino de su jefa, o Berni cuando asegura, sin más, que el operativo policial en el aberrante Boca – River fue un éxito y que no hubo bengalas, y encima me paparruchea con la comparación del cacheo en una cancha y el de un aeropuerto. Sigan insultando nuestra inteligencia… Cansada estoy de que crean que como vidrio y, harta ya de estar harta, mezclo todo porque todo es lo mismo. Lo que pasó el 14 de mayo en la Bombonera es una vergüenza nacional e internacional, y lo que están haciendo con Fayt también, no sólo porque es un ser benemérito, sino porque es intachable e incorruptible, y esa es la piedra en el zapato del gobierno. Ser independiente es el problema, no el almanaque. Si fuera un “Korderito”, así tuviera 104 años como el Magiclick, le pondrían la alfombra roja en vez de mandarlo a la hoguera e “investigar sus capacidades cognitivas”. Ser honesto es lo peor que le puede pasar a un gobierno que un día hizo algo impecable, como cambiar la Corte Suprema de Menem, pero olvidó decirles a sus integrantes que lo hacían para tenerlos de su lado, y no para que los investiguen. Ser derecho es un delito penado con el destierro y el destrato, y para muestra inversa tenemos a Boudou, que en vez de estar tocando la guitarra en un Creamfield porque debió haber renunciado ante la primera sospecha sobre él, sigue siendo vicepresidente, sobreprotegido y libre de juicio político. Acá nunca va a cambiar nada, ni en la política (¡no, Sergio Massa, no podés pedirle a Tinelli que el debate entre los candidatos lo haga él en “ShowMatch”!) ni en las canchas, no al menos mientras en vez de mandar el deporte y el espectáculo manden las mafias y la connivencia con los dirigentes. Y menos va a cambiar algo mientras un reverendo hijo de la señora de ojos vendados como el impresentable juez Horacio Piombo siga ejerciendo (y apenas pasa los 70, eh). Perdón por no ser optimista, pero el vidrio me cae mal y los espejitos de colores me nublan la vista. Y tengo la casa llena. Y no quiero más.

21 de mayo de 2015

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