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Alma, corazón y adrenalina

El nuevo espectáculo del Cirque Du Soleil, “Kooza”, fue el estreno de la semana. Y, como siempre, ¡quedé maravillada! Quebrar la gravedad no es para cualquiera… Por Marcela Tarrio.

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Cirque du Soleil – “Kooza”.

Después de haber charlado con varios colegas y amigos sobre el estreno de la semana, quiero compartir con todos ustedes lo que sentí al ver “Kooza”, el nuevo espectáculo de Cirque du Soleil, esa gran obra maestra internacional que fusiona circo con show y que por sexto año llega a la Argentina, ahora con un título que en sánscrito significa “caja” (de sorpresas, sin duda) y que, más que todos los anteriores, nos demuestra que lo que hemos visto antes en el reino de la acrobacia y el riesgo es nada comparado a lo que estos artistas hacen en la carpa montada en la porteña Costanera Sur. Personalmente, debo confesar que me gustó infinitamente más el anterior, “Corteo”, pero eso sucede por ver más de uno, porque les puedo garantizar que si van a ver el actual siendo vírgenes del Cirque, van a salir absolutamente maravillados. Y sí, es cierto que la entrada es costosa, pero también es verdad que en cualquier ubicación en la que estén,verán de manera tan perfecta como los aventurados de las primeras filas. ¿Por qué digo que me quedo con Corteo? Sencillamente porque soy teatral por naturaleza y porque allí, absolutamente todos los cuadros eran de un impacto visual alucinante y eso, mezclado al nivel de exactitud milimétrica de estos acróbatas, daba por resultado un mundo paralelo de ensueño y corazones al borde de la taquicardia. Y todo, con cero error.

En “Kooza”, un show con el que, tal como ya nos habían avisado, intentan volver a sus orígenes, mezclando acrobacias con el humor de los payasos, todo va más al hueso, es decir, menos parafernalia y más minimalismo, porque con cuatro trapecistas deslizándose por dos alambres paralelos ¡en bicicleta! y a incalculables metros de altura es suficiente. Juro por los santos evangelios que en ese momento, a medida que ellos, cual si andaran en bici por el parque de casa, sumaban dificultades yo me preguntaba ¡¿con qué necesidad? ¡Si ya con que saltaran a la cuerda sobre el alambrecito estábamso todos a punto de llamar al SAME! Así, número tras número, la calidad de las proezas es directamente proporcional a la posibilidad de presenciar una catástrofe. Pero son tan perfectos, tan grandes, tan exactos, que creo que hasta se equivocan a propósito, para que veamos que son humanos cuando todo nos hace pensar que no lo son. En el estreno, en el increíble acto de los acróbatas y el tobogán, hubo tres fallos con sus consecuentes reparaciones, y hoy les doy las gracias, porque si no hubieran errado, seguiría creyendo que estuve frente a extraterrestres y que la carpa no es tal, sino no un Ovni varado en Avenida España.

Impresionante es poco. Sólo decir que vale lo que cuesta y que verlo no sólo es disfrutar con la adrenalina a mil, sino, entre tanto malabar, es morirse de risa con los payasos que actuán a modo de separadores, y es entender que si Newton viviera, empezaría a replantearse su teoría de la gravedad. Estos artistas, señores, la desafían durante las dos horas que dura el espectáculo, y la quiebran con una exactitud matemática. Mientras tanto, nosotros, los pobres mortales, envidiamos y admiramos desde las gradas.

28 de abril de 2016

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