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Profesión y vocación

Tener una profesión que no llena nuestros bolsillos ni se equipara con nuestra vocación nos lleva a transitar la vida sin entusiasmo y con estrés. ¿Cómo lo resolvemos? Por Bernardo Stamateas.

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¿Qué define la vocación de una persona? En el caso de un médico investigador será la curiosidad, pues lo que más disfruta de su profesión es observar, indagar, analizar. Para un médico clínico, en cambio, quien comparte la misma profesión que el anterior, será el servicio; él es feliz curando, ayudando y cuidando a otros.

Toda profesión posee dos objetivos:

  • Brindar provisión económica.
  • Brindar un espacio donde ejercer la vocación.

Aquel que no logra satisfacer por lo menos uno de estos dos objetivos sentirá en algún momento de su vida “frustración”. Un músico que ama lo que hace pero no llega a ser exitoso y no gana mucho dinero, ejerce su vocación y salda así uno de los objetivos. En cambio, un taxista que trabaja de sol a sol y gana muy bien, también salda uno de los objetivos aunque manejar un taxi no sea su verdadera vocación.

El verdadero problema surge cuando alguien no practica su vocación pero tampoco gana lo suficiente para vivir. Quien no es capaz de saldar ninguno de los dos objetivos, es fundamental que busque una actividad que le genere satisfacción. Por ejemplo, dedicarle tiempo a un hobby. Ese taxista que trabaja duro para mantener a su familia puede apartar unas cuantas horas por semana para cultivar su hobby, lo cual le resulta placentero.

La profesión es consciente; la vocación es inconsciente. Esta última por lo general va mutando a lo largo de los años (en algunos casos dura toda la vida), por lo que es necesario escuchar con atención lo que nos dice nuestro interior. La mayoría de la gente trabaja por una remuneración que le permita vivir, pero en algún momento de la vida tiene que aparecer la vocación.

La persona que no logra descubrir cuál es su verdadera necesidad en la vida (su vocación) podría llegar a dedicarle demasiado tiempo a su trabajo, aun cuando lo que hace no le brinde demasiada satisfacción. Dicha actitud suele esconder una carencia inconsciente, que puede ser de carácter afectivo o vocacional.

Un varón que le dedica más tiempo a un empleo que a cualquier otra actividad refuerza así su rol de “proveedor” pero, como se trata de lo único que sabe (o cree que puede) hacer, tal vez no sea capaz de disfrutar de su familia y su tiempo libre como debiera, lo cual lo terminará por estresar.

Muy distinto es, sin embargo, dedicarle mucho tiempo a aquello que uno ama y brinda satisfacción, bienestar y plenitud. Hacer lo que nos gusta jamás nos estresará porque todos disfrutamos de aquellas actividades que elegimos. Por ejemplo, cuando un cirujano realiza una operación delicada o un piloto aterriza un avión en condiciones adversas ambos están bajo presión, pero ninguno siente angustia ni tristeza. ¿Por qué? Porque ellos eligieron libremente esa profesión y la disfrutan.

Tener la posibilidad de hacer lo que uno ama libera adrenalina en nuestro cuerpo y nunca puede resultar agotador. ¿Ya has descubierto tu vocación en la vida?

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

29 de abril de 2016

 

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