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Ser rechazado

¿Qué hacer frente al rechazo? Trabajar en nosotros para sanar esa herida. ¿Cuál es la diferencia entre rechazo y abandono? Por Bernardo Stamateas.

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Ser rechazado. Por Bernardo Stamateas.

No existe una experiencia más devastadora para cualquier persona que ser rechazado. Sobre todo, cuando esto tiene lugar en la primera infancia, o incluso en la panza de mamá. Ser rechazado, ya sea de manera directa o indirecta, significa no ser amado, ni validado, ni respetado; todo lo cual causa un gran sufrimiento.

Hay padres que les dicen a sus hijos abiertamente: “No te quiero” o “nunca quise tenerte”, o “yo quería una nena, no un varón”. Mientras que en otros casos, hay un rechazo indirecto, más allá de que los padres sean conscientes o no, cuando uno de los dos (o ambos) fallecen, se produce una separación o un hijo es sobreprotegido. El niño vive estas situaciones como un rechazo porque percibe (cree) que no es amado. Según el gran Sigmund Freud, el opuesto del amor no es el odio, sino la indiferencia.

Aquel que se siente rechazado, y guarda en su memoria recuerdos tristes de sus primeros años, necesita cambiar “el chip”. Tal vez efectivamente ha sufrido rechazo en el pasado, o quizás solo fue su percepción de los hechos; pero sea como sea, lo cierto es que siempre habrá alguien en nuestra vida que nos ame de verdad y nos brinde la aceptación que todo ser humano necesita para desarrollar una estima sana.

Está ampliamente comprobado por la ciencia que el rechazo produce el mismo efecto en el cerebro que el dolor corporal. El rechazo siempre duele. La razón es que el mensaje que esconde es este: “¡No te quiero!”. ¿A quién le gusta oír que no lo quieren? A nadie. Pero aquí debemos distinguir entre rechazo y abandono. Quien abandona está diciendo: “Te quiero pero no me es posible estar con vos, o tenerte a mi lado”. En el rechazo está implícita la idea de que el otro no nos quiere (aunque pueda tenernos a su lado). Ese es el motivo por el que el rechazo es mucho más doloroso que el abandono.

Mucha gente se queda detenida en el rechazo que sufrió hace años. En realidad, se queda anclada a nivel emocional en la etapa en la cual la rechazaron. Aunque el tiempo siga transcurriendo y se convierta en adulta, sus emociones no crecen ni maduran como lo hace su cuerpo físico. Allí hay una herida que permanece abierta y levanta una pared de protección, para que nadie vuelva a lastimarla jamás.

Por eso, aquel que fue rechazado suele tener, sea consciente de ello o no, una forma poco sana de relacionarse con su entorno que le genera sufrimiento. Siempre temerá que alguien vuelva a rechazarlo y actuará en consecuencia.

¿Qué hacer frente al rechazo? Por supuesto, trabajar en nosotros para sanar esa herida, con todas las herramientas que hoy tenemos a nuestra disposición. Pero podemos comenzar por cambiar la palabra rechazo por deseo. La persona que nos rechaza simplemente tenía otro deseo que puso en primer lugar.

No necesitamos agradar a los demás, sino tratar a los otros como deseamos y esperamos que nos traten a nosotros. A pesar de cualquier rechazo vivido, nuestra vida es muy valiosa y tiene un propósito especial que debemos procurar descubrir y cumplir.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

26 de agosto de 2016

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