martes 24 de noviembre de 2020
EDITORIAL | 23-10-2020 16:49

Santa Terracita se pone linda

Después de leer los mil y un protocolos y de ver todo lo que vamos a tener que considerar para irnos aunque sea una semana a Las Toninas, yo paso, me quedo en casa. Autobronceante o terraza...

Marcela Tarrio
Marcela Tarrio

Editora Jefa. Miembro de APTRA.

Ya sé. No me digan nada... Ustedes también se quieren matar de solo enumerar las mil y una cosas que vamos a tener que hacer y tener en cuenta a la hora de irnos aunque sea una semanita a Las Toninas ¿no? Yo estoy como mi amigo Carlos Rottemberg... Shockeada.

Miren que soy realista, casi lógica y que solo creo en lo que veo, pero en esta le ponía fichas, o esperanza, o eso que no sé qué nombre científico tendrá pero que hace que no veamos todo tan negro y que nos permite seguir soñando entre tanto desastre...

Yo ya me hacía inflando el patito, alistando mi desvencijado auto o sacando pasajes para al menos salir de estas cuatro paredes de mi hogar a respirar aire de mar; pero qué quieren que les diga. De solo leer los nueve protocolos homologados para lo que será la temporada de verano en la Costa Atlántica ya no solo me cansé, sino que estoy mirando mi terraza con cariño...

Así que si de aquí a marzo alguien anda cerca del lobito marino de la rambla de Mar del Plata salúdenlo de mi parte y díganle que no me extrañe, que yo de acá le tiro buena onda... Al menos él va a poder descansar un poco de tanto gentío, porque si todos son como yo, este verano sale autobronceante o Santa Terracita.

Que la aplicación Cuidar, que el permiso para viajar, que el permiso para salir, que el permiso para entrar, que la declaración jurada de acá, que el trámite de allá. Que el restaurante con turno, que las piscinas con turno. ¡Perdón! Explíquenme eso. ¿Cómo es una piscina con turno? ¿Te estás por tirar estilo bomba y te cortan en el aire porque se te acabó la hora? 

¡Ni loca! Paso, gracias. Vacaciones son no pensar en nada de todo eso, descansar cuerpo y alma, entregarse al dolce far niente y hacer lo que a uno más le gusta hacer. Y en mi caso, si voy a Mar del Plata es, después de la playa, ir al teatro, después al teatro y después, si me queda tiempo, ¡al teatro...! Y de vez en cuando, perderme en las maquinitas del Casino, ir a cenar ¡sin hacer cola jamás!, ir a bailar y tomar cafecitos y tragos ricos en los hermosos bares de La Feliz. Ergo, Marcelita, quedate en casa.

Para trámites tengo suficiente en Baires como para ir a vivir lo mismo allá. Encima, con la suerte que tengo, les apuesto que me meto al mar y sale Gines García de entre las olas a ordenar que hay que bañarse con barbijo puesto. Gracias, yo cedo mi lugar, muy valioso por cierto ya que va a haber cupo limitado para todo.

Pero bueno, yo siempre le encuentro el lado positivo a las cosas: ¡No voy a gastar un peso y voy a poder ahorrar para cuando me tome las vacaciones que yo quiero, así sea en dos años...! Ok. Listo... Acabo de decir una estupidez. Les pido mil disculpas: Si alguien encuentra el verbo ahorrar en el diccionario, se lo pido en préstamo porque en el mío, desapareció sin dejar rastros.

Lo dicho, Marcelita, limpiá bien la terraza, clavá la reposera y dale a Netflix nomás.... Hasta que aumente.

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Marcela Tarrio

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Editora Jefa. Miembro de APTRA.

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