viernes 30 de septiembre de 2022
TAPA | 26-11-2020 11:41

El más famoso del universo

Y no solo del mundo del fútbol... Diego fue y es el hombre más famoso del mundo. Los presidentes y los papas querían tener una foto con él. Como él mismo dijo: “A mí me sacaron de Fiorito y de una patada me mandaron a la cima del mundo”.

Marcela Tarrio
Marcela Tarrio

Editora Jefa. Miembro de APTRA.

La noticia de la muerte del considerado como el mejor futbolista de la historia se difundió casi de inmediato tras circular como un rumor que nadie se atrevía a confirmar al saberse que había sufrido un paro cardiorrespiratorio en horas de la mañana del 25. “Conmoción mundial, murió Diego Maradona”, “Adiós al astro argentino” y “De luto el planeta fútbol”, son algunos de los titulares de los medios de prensa locales e internacionales al confirmar la noticia que nadie quería dar.

El más famoso del universo
Diego con su mamá Doña Tota

Mucho se habló en los últimos días sobre el estado de salud de Maradona, de sus problemas para recuperarse de las adicciones y de cómo continuaría su tratamiento, aunque nada hacía pensar en semejante desenlace. Nacido el 30 de octubre de 1960, vivió su infancia en Villa Fiorito, un barrio muy pobre de la periferia de la capital argentina donde comenzó a destacarse por sus maravillas con la pelota.

El más famoso del universo
Diego con su papá Don Diego

Casi dos décadas después, se consagró como estrella universal del fútbol, cuando con la cinta de capitán de la selección argentina alzó la copa del Mundial de México-1986. Fue allí donde anotó sus goles más famosos: el polémico de la ‘mano de Dios’ y el mejor de la historia de los mundiales, ambos frente a Inglaterra en cuartos de final (2-1). En Argentina, Maradona despertó devoción y pasiones al punto de crearse la Iglesia Maradoniana, que lo considera su dios.

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Con la casaca albiceleste lloró de bronca al recibir la medalla de subcampeón en el Mundial de Italia-1990. Jugó otras dos copas del mundo: España-1982 y Estados Unidos-1994, cuando pronunció su frase “me cortaron las piernas”, luego de darle positivo un control de dopaje, por efedrina, en pleno renacer futbolístico. Le costó una suspensión de 15 meses, la segunda de su vida.

Más tarde, como entrenador, quiso transmitir su mística a la Albiceleste. Condujo a la selección entre 2008 y 2010 hasta el Mundial de Sudáfrica, con Lionel Messi en la cancha, pero su suerte se selló con una dura derrota 4-0 que le propinó Alemania en cuartos de final. Maradona disputó 676 partidos y anotó 345 goles en sus 21 años de carrera, entre la selección y los clubes.

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Diego Maradona junto a Lieonel Messi

Estuvo casado con Claudia Villafañe y fue padre de Dalma y Gianinna, como así también de Diego Jr., de su relación con la italiana Cristiana Sinagra, Jana, con Valeria Sabalain, y Dieguito Fernando, fruto de su relación con Verónica Ojeda.

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Diego con Claudia y sus hijas, Dalma y Gianinna

Su “otro padre”, Fidel:

Reyes, príncipes y dos papas, a uno de los cuales terminó tildando de “hijo de puta”. También líderes de los más controvertidos del mundo. Amados y odiados. Leyendas, en definitiva, de su mismo tamaño con las que Diego Armando Maradona tejió vínculos inquebrantables y anécdotas a lo largo de sus años.

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Diego Maradona con sus hijos Jana y Diego Jr, 

De todos, fue con Fidel Castro con quien compartió el más entrañable de sus lazos. Y quiso el destino que ambos partieran un 25 de noviembre, con cuatro años de diferencia. Pero el inicio de esa larga amistad se tejió casi treinta años antes, a partir de una encuesta que la agencia cubana de noticias, Prensa Latina, realizaba en forma anual para seleccionar al deportista más destacado del año entre los periodistas.

A fines de 1986, todas las miradas se posaban en el ídolo futbolero después del Mundial de México. ¿Cómo Maradona aterrizó en La Habana por primera vez? En eso tuvieron mucho que ver dos periodistas argentinos, Pablo Llonto y Carlos Bonelli. El segundo tenía el contacto con los colegas de la isla. El primero conocía a Diego de sus años en Argentinos Juniors. Llonto volcó aquellas imperdibles memorias en una nota que tituló “Cuando Diego conoció a Fidel” para la revista Un Caño.

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Diego con Fidel Castro

Uno sabía que Diego venía girando hacia la izquierda. Su admiración y orgullo por el Che en Italia, cuando me contaba que se le ponía la piel erizada al observar en las manifestaciones de los obreros tanos las banderas con el rostro de Guevara. Meses antes, su condición de líder sindical asomó en México cuando protestó los horarios calcinantes de los partidos bajo el sol del mediodía durante el Mundial”, rememoró. “Pero Diego aún no era el Diego Comandante”, señaló.

Respecto a cómo lo convencieron para subirse al avión rumbo al hogar de la Revolución Cubana, en el ocaso de la Guerra Fría, cuando Bonelli le remarcaba a Llonto “que Diego no quiere viajar porque teme que lo usen políticamente, que digan que apoya al comunismo”, no sería justo spoilearlo. Basta una rápida búsqueda en la web, o en el sitio de la publicación, para toparse con la pieza en cuestión y disfrutarlo de la mano del propio protagonista de la historia.

Como sea, fue así que se cruzaron los caminos de dos de los hombres más trascendentales del siglo XX, en julio de 1987, para no separarse más. Castro estaría presente en la vida de Maradona a lo largo de las tres décadas siguientes.

En 2000, tras gambetear a la muerte por poco como consecuencia de sus adicciones, Maradona eligió la isla caribeña como refugio para someterse a un programa de recuperación de seis meses que, a juzgar por las crónicas de la época, nunca siguió como debía. Vivió allí cinco años en total, con algún ida y vuelta y alguna recaída, un tiempo que siempre recordó con mucho cariño en las entrevistas posteriores.

En particular, los telefonazos que Fidel le daba a la madrugada, para conversar sobre deporte o política. Maradona contó que Fidel lo increpó al descubrirle su rostro tatuado en la zurda: “Me dijo ’¿Qué hiciste, loco? Pero yo estoy mejor que el del tatuaje’. Le digo ‘Sí, lo que pasa es que el tatuador es bueno pero tampoco lo va a hacer igual”.

Para Diego, Fidel se ganó el respeto y la admiración de un segundo padre que lo acompañó en sus peores momentos y lo aconsejó. El hombre por el que más lloró después de “Tota y mi viejo”, confesó alguna vez.

Se vieron por última vez en 2013. “Cuando entro al salón, se para y me dice ’¿Te venís a despedir, no?’. Me dijo eso. ’No, maestro, para nada’. Yo, con un llanto”, se lamentó. Tomó conocimiento de la muerte de su amigo cubano a través de una llamada telefónica, en noviembre de 2016, cuando visitaba Zagreb por la final de la Copa Davis, entre Croacia y Argentina.

Y repudió entonces las imágenes que se transmitían desde Miami con la celebración de cubano-americanos: “Es muy triste. Da asco. Da asco realmente. Lo que hizo Fidel fue luchar por su pueblo. Y si eso no les gustó a los gusanos, bueno, lo lamento. Me parece que festejar una muerte es muy triste”. Ese era Diego. Controvertido, pero fiel a lo que él creía.

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Marcela Tarrio

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Editora Jefa. Miembro de APTRA.

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