lunes 28 de septiembre de 2020
TAPA | 04-09-2020 14:43

Esmeralda Mitre: ¿Es o se hace?

La pregunta a esta altura ya se la hacen todos. En tanto ella, que aprendió las reglas del show y es la que más le rinde al Cantando, mientras mida seguirá jugando su juego en pos de ser "la primera Mitre popular".

Marcela Tarrio
Marcela Tarrio

Editora Jefa. Miembro de APTRA.

Quienes hasta 2018, cuando apareció en el Bailando como participante del programa de Marcelo Tinelli, no tenían ni idea de quién era y la googleaban, seguramente quedaban pasmados al saber de su alcurnia: “Esmeralda Mitre Alvarez de Toledo (Buenos Aires, 14 de mayo de 1982), conocida como Esmeralda Mitre, es una actriz argentina.

Es descendiente del expresidente de la Nación Argentina y fundador del diario La Nación, Bartolomé Mitre”. Luego, sabrían que es hija de Blanca Isabel Álvarez de Toledo y de Bartolomé Luis Mitre (exdirector del Diario La Nación, quien falleció este año), y que estuvo casada de 2014 a 2018 con el político Darío Lopérfido, exsecretario de Cultura y Medios de Comunicación de la Nación durante la presidencia de Fernando de la Rúa.

Cómo no sorprenderse, entonces, al verla en el Bailando, perreando el reggaeton, y hoy cantando en el ciclo producido por Tinelli y conducido por Ángel de Brito y Laurita Fernández. Y, sobre todo, sacando de las casillas a todos: desde el público al jurado. Es más, en los pasillos es vox populi que nadie la quiere cerca porque es “una bomba de tiempo”.

Sabemos que no hay que creer nada de lo que pasa en la tevé y que el Cantando no es un concurso, sino un show. Pero no todos lo tienen tan claro. Ella sí. Esmeralda supo que de piedra preciosa como es su nombre debía convertirse en piedra del escándalo si quiere, primero, durar en el programa y después, ganar y, sobre todo, que la reconozca la tan mentada Doña Rosa.

Habla hasta por los codos, interrumpe más que Mirtha Legrand, enfurece a Karina “la Princesita”, se deja ver ensayando en su casa con su compañero cuando sabe que no se puede ya que los ensayos deben ser por Zoom.

Monta shows incomprensibles, pero que mueven la aguja del rating de un ciclo que empezó tan mal que hubo que incorporar la eliminación doble y traer famosos nuevos. Y “garpa”.

Esmeralda es la única que hace la diferencia en la medición. ¿O alguien cree que si no midiera, días atrás la habrían dejado medio programa bailando peor que la Mole Moli y desafinando cual Iliana Calabró, aunque ella lo niegue tanto como a su voz nasal?

Mitre la tiene clarísima. Y que nadie se asombre si termina ganando el Cantando 2020, ya que los mencionados más arriba lo hicieron, aunque en este caso, a ella le falta algo esencial: carisma. Pero en un show de tevé, todo puede suceder. Y sobre todo, sucede lo que conviene.

En un solo día, cuando se produjo el “Covid Gate”, el martes 1°, ella solita sacó del Cantando a dos parejas con el 41 % de los votos, le hizo subir el rating a Intrusos (América), que siguió paso a paso el tema de los hisopados, e hizo su propio descargo en el piso del programa, donde, aunque en este caso fue ella la víctima de un injustificable “error” que el Gobierno de la Ciudad admitió y mandó a investigar, aprovechó para victimizarse y hablar de complot, contra ella y ¡contra la productora de Tinelli! Sí, una ensaladita de frutas que le sumó...

A mí me trataron de presunta asesina. Hay un punto donde hay que tener un poquito de piedad. Yo voy a ir hasta el fondo con esto”, dijo llorando y, refiriéndose a su posición política antikirchnerista y su enemistad con el jefe de Gobierno Horacio Larreta, agregó: “Oh casualidad (...) Esto es claramente un boicot, una mano negra contra mí y contra la productora”.

Al ser salvada por el público y ya más tranquila, Esmeralda terminó invitando a Karina ¡a participar con ella en el ritmo de tres, que permite sumar un invitado!

Ahora bien, en la productora a Esmeralda le creerían poco y nada de lo que dice. Y hacen bien. Porque hasta sus peleas con Karina son show, como ella misma lo dijo el martes en medio de su incontinencia verbal. Quien quiera creer que crea y el que no, que se haga problema.

Eso sí, todavía nadie respondió por qué Esmeralda no mostró el bendito hispoado negativo, por qué anda sin barbijo y a los gritos y por qué esa noche Tinelli, que siempre opina por Twitter, no escribió una sola palabra...

Sin dudas, Esmeralda sabe jugar el juego del show para ser popular, pero entre el juego limpio y la falta grave (¡con la salud, no!) hay una línea demasiado fina hacia el precipicio. Y ella siempre está al borde.

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Marcela Tarrio

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