lunes 28 de septiembre de 2020
EDITORIAL | 22-08-2020 10:00

Entre canjes y payasadas

Vicky Xipolitakis "mangueando" a mano armada y una payasa en el recuento oficial de muertos por coronavirus, dos momentos para olvidar de la semana que pasó.

Marcela Tarrio
Marcela Tarrio

Editora Jefa. Miembro de APTRA.

Vieron que hay cosas que dan vergüenza ajena, no? Y eso pasa en todos los ámbitos de la vida. ¡¿Quién no tiene un tío borracho que hace papelones en las fiestas?! Y en estos días yo tuve dos veces esa sensación por hechos diametralmente opuestos.

Una, cuando el Día del Niño vi a la payasa Filomena en la mesa del reporte diario oficial de los casos de contagiados y muertos por coronavirus. Sin palabras a semejante falta de criterio, de tacto y de sentido común que, ya sabemos, es el menos común de los sentidos. Y la otra, señoras y señores, la tuve al escuchar los audios de la indefinible Vicky Xipolitakis, que nunca sabremos qué es (o sí) y por eso terminamos llamándola mediática...

La payasa Filomena

Como no quiero ponerme seria, dejo la primera de lado y me voy con Vicky, impresentable en todos los sentidos. Porque chivear en las redes, chivean todos; los famosos con curriculum, medallas y honores y los que no, pero esta madre argentina de raíces griegas ha llegado a un punto nunca visto.

Ojo, yo no pongo las manos en el fuego por nadie ya que seguramente haya muchos/ as que usan el “xipolitakis style” en las redes y que piden y piden sin que se les caiga la cara y la billetera, pero ella tuvo la desgracia y el poco tino de enviar audios en pleno siglo XXI y que alguien la mandara al frente...

“Para mí es una bendición muy grande que existan los canjes porque hacen que, junto a mi gran familia, no nos falte nada. No tengo otro tipo de ingreso y hace más de un año que me dedico solamente al cuidado y crianza de mi hijo”, dijo en su defensa Victoria Jesús Xipolitakis (tal el nombre completo de la “demandante”), echando más leña al fuego...

Ni pienso entrar en la guerra que ella mantiene con su ex y padre de su hijo ni en el dinero qué el, como es su obligación, le pasa o le deja de pasar, pero voy a decir algo y que Dios me perdone: Yo a Vicky no le compro un auto usado... Y no me acusen de falta de sororidad.

Eso sí, la mandaría urgentemente a agarrar un libro porque los horrores de ortografía que demostró a sus 34 años en sus mensajes a una farmacia para seguir “mangueando” (sí, se lo digo así, en lunfardo para que lo entienda) no los comete ni un niño de segundo grado.

Tal como se mostró en una captura en Los Ángeles de la mañana, de El Trece, copio textual lo que ella escribió y por favor, no lo hagan en sus casas que para evitar semejante atentado a la Real Academia Española existe el diccionario: “Faltó pasta dental. Alcohol, algodón, ¿chupete me agregás otro? Autobronceante, Yampú y crema de manzanilla. Y para mi cualquier yampú. Yilet, toayitas desmaquillantes delineador negro líquido, agua oxigenada y si querés agregá leches. Fijate lo que vos puedas”. Fin del mangazo. Cerrame la once, y abrime el colegio...

 

 

 

 

 

 

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Marcela Tarrio

Marcela Tarrio

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